El conflicto
La partición de herencia exige el consentimiento de todos los herederos o, al menos, su participación en un procedimiento que permita fijar el caudal relicto, valorar los bienes y adjudicarlos. Cuando uno de ellos no firma —por desacuerdo en la valoración, por disputa previa con otros hermanos o por una estrategia de bloqueo— el expediente se detiene en notaría y en los bancos.
En la práctica, el heredero que no firma suele plantear objeciones sobre el inventario, el usufructo viudal, las donaciones a imputar o la cuota que le corresponde. Sin una respuesta jurídica ordenada, el resto de herederos asumen que «habrá que ir a juicio» sin saber plazos, costes ni probabilidad real de éxito.